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Llevamos años hablando del voto electrónico y las posiciones siguen casi tan enquistadas como al principio: los que lo impulsan dicen que es seguro y fiable; los que trabajan en el ámbito de la ciberseguridad recalcan que ningún voto electrónico es 100% fiable; los políticos quieren dar tímidos pasos hacia adelante, pero se resisten a abandonar un sistema fiable (al menos en España) como es el actual; y los ciudadanos están divididos entre los que quieren voto electrónico y los que le ven más problemas que soluciones

Y en esas posturas seguimos años después. En el capítulo 19 de El Enemigo Anónimo hemos querido analizar, en profundidad, las ventajas y desventajas del voto electrónico, pero también sus posibilidades reales de implantarse a corto plazo. Veamos los argumentos a favor del voto electrónico, los argumentos en contra, las dudas y los requisitos para que este tipo de votación sea fiable… y confiable.

Radiografía del voto electrónico en el mundo

A día de hoy, ciertos países recurren o han recurrido al voto electrónico. En el siguiente gráfico puedes ver cuáles lo usan de algún modo (ya sea en elecciones nacionales, regionales, estatales, locales…).

Los colores dejan intuir un triunfo del no y los datos así lo corroboran. Aquí podemos ver, en porcentajes, la aceptación de este tipo de voto en todo el mundo, según IDEA:

En esta maraña de datos suele haber un alumno aventajado del que siempre se habla: Estonia. Efectivamente, el país permite el voto electrónico y cada vez es más usado por más gente:

Un estudio del Departamento de Seguridad del Gobierno de Euskadi va más allá: analiza no solo los países que han implantado el voto electrónico, sino también los que lo están sopesando o incluso haciendo pruebas.

Como vemos, en ese mapa aparece España como uno de los países en el escalón intermedio. ¿Qué experimentos está haciendo España exactamente? Estas son algunas de las pruebas piloto ya realizadas:

Euskadi:

  • Primeras pruebas en 1998 en las Elecciones al Parlamento Vasco
  • Desarrollo de Demotek (su propio sistema de voto electrónico), utilizado por otros organismos

Cataluña:

  • Prueba en 1995 con tarjetas de banda magnética en dos colegios electorales
  • Prueba piloto en 2003 para el voto electrónico en remoto dirigido a los no residentes

Galicia:

  • Prueba en 1997 de dos sistemas de voto de pantalla táctil para las elecciones al Parlamento de Galicia
  • Prueba en 2005 de nuevos sistemas de voto con pantalla táctil para las elecciones al Parlamento de Galicia

Andalucía:

  • Prueba en 2004 de voto electrónico a través de internet

España:

  • Prueba en las elecciones generales de 2004 de voto electrónico remoto en tres mesas
  • Prueba en 2005 (referéndum de la Constitución Europea) de voto electrónico por internet
  • Pruebas de mesas administradas electrónicamente en las elecciones a Diputados y Senadores de 2008, las Europeas de 2009 y las Municipales de 2011

A favor del voto electrónico: la tecnología existe

No seamos catastrofistas: la tecnología para el voto electrónico existe y, en líneas generales, es efectiva (otra cosa es que se pueda atacar, como veremos más adelante). Además, presenta dos ventajas principales más allá de la pura tecnología:

  • Incitación al voto. “En la España vaciada mucha gente puede no tener un aliciente suficiente para votar si tiene que desplazarse varios kilómetros”, nos cuenta Tamara Álvarez Robles, investigadora de la Universidad de Vigo y una de las mayores expertas en voto electrónico de España. En su opinión, “poder votar de forma electrónica lo hará más cómodo para mucha gente”, e incluso añade otro nicho de población: “Muchos jóvenes no quieren hacer el esfuerzo para ir a votar en una urna, así que votar de manera electrónica puede hacer que se involucren más”.
  • Voto a distancia. El voto por correo no es, a día de hoy, un método que entusiasme a los que lo practican. Hay infinidad de requisitos, papeletas que llegan tarde, poca seguridad en la logística y entrega de votos, burocracia… Luis Álvarez, CEO de SIA, recuerda que “hay experiencias en Latinoamérica en las que el voto electrónico se está implantando para personas que no están en el país”.

En estas ventajas (y muchas más) estarán de acuerdo la inmensa mayoría de países que apuestan por el voto electrónico. Porque sabemos de países que han adoptado este modelo, pero ¿qué tal les ha ido? El investigador Fernando García Mora, de la Universidad Oberta de Catalunya (UOC), tiene un interesantísimo estudio analizando el balance de cada país que ha implementado el voto electrónico, su tipología, sus ventajas y sus posibles riesgos. En general, los resultados son positivos:

También resulta interesante analizar en qué momento se encuentran aquellos países que están experimentando con el voto electrónico. Según el análisis de García Mora, la mayor ventaja que encuentran es la automatización del proceso, y la mayoría de los países lo hacen mediante un voto presencial en una máquina.

En contra del voto electrónico: ninguna tecnología es infalible

Decíamos antes que no podemos ser catastrofistas con el voto electrónico, pero tampoco podemos ser ilusos: en el momento en que una tecnología está conectada, ya es vulnerable. Y en el ámbito doméstico o empresarial puede ser grave, pero en el electoral es muchísimo más que grave.

“Los expertos que analiza los sistemas de voto electrónico dicen que ningún sistema es seguro“, asegura Yolanda Quintana. De hecho, “muchos países que lo han implantado han dado pasos para atrás. Cualquier sistema digital es atacable, y la seguridad total no existe”. De esto saben mucho los participantes en DEF CON Voting Village, un encuentro en el que los ‘hackers de sombrero blanco’ se juntan para analizar los distintos sistemas de voto electrónico y encontrarles vulnerabilidades. Y su curriculum de hallazgos lo deja claro: si alguien tiene el dinero, el tiempo y los recursos para intentar romper un voto electrónico, es muy probable que lo acabe consiguiendo.

“Creo que España, a día de hoy, no está preparada para el voto electrónico… como no lo está prácticamente ningún país del mundo“, añade Daniel González. “Suiza ha estado haciendo pilotos y en 2019 los paró porque no los consideraba del todo seguros”. Efectivamente, Suiza es uno de los países que mejores experimentos estaba haciendo con este tipo de voto, pero los ha dejado temporalmente en la nevera. ¿La razón? Los múltiples fallos de seguridad que ha dado y, en consecuencia, la pérdida de confianza en este sistema.

“España a día de hoy no está preparada para el voto electrónico… como no lo está prácticamente ningún país del mundo”

Daniel González (Osane Consulting)

Este es uno de los argumentos por los que España no da demasiados pasos hacia el voto electrónico. En 2017 lo reconocía el propio secretario de Estado de Seguridad, José Antonio Nieto Ballesteros: “Hoy en día está más lejos que hace diez años porque es muy manipulable“.

Aunque no es el único argumento que esgrime nuestro país. Y es que en otras naciones el voto físico y presencial implica serios riesgos de manipulación, cosa que, por suerte, no sucede en España, más allá de posibles casos aislados en el recuento manual. El Consejo de Estado, en un amplísimo informe sobre la homogeneización del sistema electoral, apuntaba en esa dirección e indicaba que, ante la fiabilidad del sistema electoral actual, España no necesita recurrir a la tecnología para mejorar la seguridad: “Es claro que el sistema electoral español no presenta, afortunadamente, esas graves anomalías [la manipulación de votos físicos] y que las eventuales irregularidades que se producen en todo proceso electoral pueden resolverse de modo satisfactorio a través de los cauces ordinarios que ofrece la ley vigente”.

La postura de España ante el voto electrónico: “Hoy está más lejos que hace diez años porque es muy manipulable”

En este punto también conviene investigar en qué se han basado los países que reniegan del voto electrónico para hacerlo. El análisis de García Mora no da demasiadas pistas. Desde luego, la ciberseguridad puede ser un motivo para descartar este tipo de voto, pero ni mucho menos es el único:

Tamara Álvarez Robles apunta otro factor: “No estamos preparados para un voto electrónico por una cuestión de brecha digital y generacional. Nosotros venimos de una generación donde tecnológicamente tenemos ciertas carencias. La gente que viene detrás sí está acostumbrada a interactuar fácilmente con estas tecnologías, pero la mayoría de la población no”.

Olvídate de la tecnología: ¿qué pasa con las conspiraciones?

Como vemos, la oposición al voto electrónico tiene mucho que ver con la ciberseguridad… pero no solo con eso. De hecho, olvidémonos totalmente de la ciberseguridad, ya que hay otro factor, quizá el más importante, que imposibilita definitivamente que el voto electrónico triunfe a corto plazo: las dudas políticas, las conspiraciones y las acusaciones de fraude.

Lo explica muy bien Marilín Gonzalo: “El voto tiene básicamente dos propósitos: elegir a un ganador de forma correcta… y convencer al perdedor de que ha perdido bien”.

“El voto tiene dos propósitos: elegir a un ganador de forma correcta… y convencer al perdedor de que ha perdido bien”

Marilín Gonzalo (Newtral)

No es poca cosa esto, ojo. No hay más que coger el ejemplo de España: cada vez que hay elecciones, los votantes de según qué partidos (en las últimas elecciones, los de Vox) dejan caer una duda tan falsa como frecuente: que las elecciones españolas pueden estar manipuladas. ¿La razón? Según ellos, que Indra hace el recuento de votos y ahí es donde se puede manipular todo el proceso. El argumento no solo es absurdo, sino también falso: se ha explicado un millón de veces, por activa y por pasiva, que ninguna empresa (ni Indra ni Scytl, que también ha participado en elecciones españolas) cuenta absolutamente ningún voto, tan solo registran en la web los votos que han sido contados a mano y enviados desde cada un de los colegios electorales.

La cuestión es que, aunque este punto se explique una y mil veces, quien quiera sembrar la duda seguirá haciéndolo. Y es aquí donde el voto electrónico se enfrenta a su rival más poderoso: la desconfianza social. Si a día de hoy, con un sistema de recuento electoral físico, auditable y totalmente seguro, ya hay acusaciones (falsas) de manipulación electoral, ¿podemos imaginarnos qué pasará si el voto es electrónico? Dará igual que el voto haya sido manipulado o no, que haya habido o no injerencias, que se hayan producido o no vulnerabilidades informáticas: quien quiera montar conspiraciones, lo hará igualmente. Y aunque sea injusto, es un motivo que hay que tener en cuenta a la hora de adoptar o no el voto electrónico.

Si con un sistema de recuento electoral físico, auditable y totalmente seguro ya hay acusaciones (falsas) de manipulación electoral, ¿qué pasará si el voto es electrónico?

No hace falta indagar mucho para prever que la desconfianza hacia este sistema florecerá en cuanto se implante. Hace años, la Universidad del País Vasco realizó un estudio en el que analizaba la confianza que su personal estudiantil, docente e investigador tenía en el voto electrónico. A la pregunta de por qué el voto electrónico no les resulta convincente, destacan las opiniones sobre el secreto del voto, la falta de información sobre el funcionamiento del sistema electoral, las dudas sobre el software utilizado o directamente la falta de confianza en este método.

De hecho, la desconfianza en este sistema no es ni mucho menos exclusiva de España. En México, por ejemplo, una encuesta elaborada desde el propio Gobierno reveló que sus ciudadanos no confían en el voto electrónico:

De hecho, los mexicanos creen que el voto presencial, aun con los problemas que genera en su país, es mucho más fiable:

Requisitos para un voto electrónico seguro

De todo lo que hemos ido contando podemos inferir que el voto electrónico, al menos a corto plazo, lo tiene muy difícil para triunfar. Pero no neguemos lo evidente: antes o después se acabará implantando. ¿Qué requisitos necesitará para que todos lo usemos? En su investigación, García Mora remarca ocho factores esenciales:

  1. Fiabilidad técnica. El sistema debe ser robusto técnicamente y los votos no deben poder ser alterados o manipulados.
  2. Universalidad. Esta característica supone de facto reconocer que el derecho de sufragio, no solo lo tienen todos los ciudadanos electores, sino que lo pueden ejercer de forma efectiva.
  3. Libertad. El método de voto electrónico debería ofrecer el ambiente oportuno para que el elector decida su opción de voto sin presión de ningún tipo.
  4. Igualdad. El ciudadano debe poder votar sin que se le impida por cualquier razón y solo podrá hacerlo cuando se implementasen métodos mixtos de VE en colegio y VE telemático a la vez.
  5. Personalidad. El voto solo puede ser llevado a cabo por el elector y habiéndose previamente identificado inequívocamente.
  6. Secreto. La única persona autorizada a saber la opción del voto es ella misma.
  7. Verificabilidad. El elector debe poder verificar su propia opción de voto.
  8. Accesibilidad. De la misma manera que la solución debería ofrecer transparencia a los ciudadanos, también debe serlo para los partidos políticos y la Administración Electoral.

Con todos estos ingredientes, en definitiva, Tamara Álvarez Robles cree que será difícil votar totalmente de manera electrónica en los próximos años, pero podemos ir dando pasos: “Si me preguntas de aquí a cuatro años, 100% voto electrónico quizá no, pero podemos tener una temporada –que es lo que han hecho algunos estados– donde coexistan ambas posibilidades“.

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