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El debate sobre la existencia (o no) de una ciberguerra es una constante en los últimos años, pero, a tenor de los datos, la ciberguerra es real. Como poco, vivimos en una ciberguerra fría, y ese es el tema que nos hemos propuesto analizar en el capítulo 7 de El Enemigo Anónimo, en el que abordamos cómo de cerca estamos de una Tercera Guerra Mundial, quiénes son los países más atacados, quiénes los más atacantes y cómo se producen estos ataques. Y nos ha quedado una cosa clara: la ciberguerra está cambiando las relaciones de poder. Cualquier país, independientemente del dinero que tenga, puede hacer daño a otro. Mucho daño.

Y es que, aunque “el concepto de guerra que tenemos es un concepto físico”, nos cuenta Ofelia Tejerina, “ha ido transformándose poco a poco con el tiempo, después de la Segunda Guerra Mundial, pero ahora la guerra está en la red”. De hecho, incide Andrea G. Rodríguez, “desde que el mundo digital entró a formar parte de las agencias de inteligencia y de los ejércitos, podemos hablar de ciberguerra”, ya que “se utilizan armas cibernéticas o software maligno para conseguir unos objetivos finales que están dentro de unas estrategias de los países”.

Así crecen la ciberguerra y los países más atacados

Al hablar de la evolución de la ciberguerra podemos acudir a varios datos. Varios de los más interesantes los ha recopilado Privacy Affairs, que da buena cuenta de cómo los ciberataques geopolíticos han ido creciendo en la última década. Como muestra un botón: entre 2009 y 2019 han crecido nada menos que un 440%.

Al hablar de las víctimas –al menos de las oficiales y reconocidas– tenemos un claro ‘ganador’: Estados Unidos, que se sitúa muy por delante de los países que le suceden en el ránking: Alemania, Corea del Sur, Reino Unido e India.

Merece la pena detenerse en Estados Unidos. ¿Quién está tan interesado en ciberatacar geopolíticamente al país? Proceden de los habituales países sospechosos: Rusia y China están muy por delante del resto.

La gran ventaja de la ciberguerra: no responder ante tus ciudadanos

En este capítulo de El Enemigo Anónimo cabe detenerse en una de las reflexiones de Txarlie Axebra sobre una de las mayores motivaciones que tiene la ciberguerra: “Los estados son mucho menos auditables por la ciudadanía. Mientras una decisión de invadir un país es algo que tiene que pasar por un Congreso, hacer un ataque como Stuxnet, que paraliza la actividad del programa nuclear de Irán de una forma en la que nunca se hace público quiénes son los estados que han participado, permite que esos gobiernos no tengan que hacer una rendición de cuentas ante sus ciudadanos sobre qué tipo operaciones hacen”.

“La decisión de invadir un país es algo que tiene que pasar por un Congreso, pero hacer un ataque como Stuxnet, donde no se sabe quién está detrás, permite que los gobiernos no tengan que rendir cuentas a sus ciudadanos”

Txarlie Axebra

En su opinión, esto “es un problema; como ciudadanía debería preocuparnos que los estados opten por mecanismos que no permitan rendición de cuentas sobre sus acciones”. Y es que, como recuerda Jorge Louzao, la ciberguerra “es algo que no vemos, no es como una guerra tradicional donde ves tanques, helicópteros y gente muriendo por las calles, pero tienes a un montón de países atacando a otros”.

La ciberguerra lowcost: del SMS al hacking psicológico

A menudo se suele decir que la Tercera Guerra Mundial será online, una frase que alguno tachan de catastrofista. Sin embargo, hay un factor que juega en favor de esta teoría: ya no hace falta tener presupuestos multimillonarios para participar en una guerra, algo que podría verse tanto desde el punto de vista negativo como desde el positivo:

  • El negativo: cualquier país, por pequeño que sea, te puede atacar.
  • El positivo: si los países grandes siempre han aprovechado su poder para atacar a los pequeños, ¿no es justo poder equilibrar un poco la balanza?

Sea como fuere, lo cierto es que la ciberguerra lowcost se ha convertido en la mejor arma para los países con menos recursos. En 2014, Juan Antonio Calles (Zerolynx) y Pablo González (EleventPaths) acercaron este concepto aludiendo a ciberataques de denegación de servicio en países como Georgia y Azerbaiyán. Puedes ver la charla aquí debajo:

Además, ambos compartían algunas ideas sobre cómo los estados con poco dinero podían usar los recursos cibernéticos de sus propios ciudadanos para atacar a otros países. “Si conseguimos que toda nuestra ciudadanía nos apoye cediendo su capacidad de cómputo de sus ordenadores, móviles y sus conexiones de internet, tendremos la mayor ciberarma que pueda tener un país”, nos cuenta Calles. Esto “posibilita que casi cualquier estado tenga capacidad de ataque: simplemente debe tener hackers con conocimientos adecuados y que pongan sus conocimientos para ayudar a su país”.

“Si toda nuestra ciudadanía nos da la capacidad de cómputo de sus ordenadores y móviles, tendremos la mayor ciberarma que puede tener un país”

Juan Antonio Calles, Zerolynx

Pero no es la única forma de atacar a un enemigo con un escasísimo presupuesto. En nuestra charla con Borja Pérez (Stormshield) pudimos conocer otros ejemplos de ciberguerra lowcost que Ángel Gómez de Ágreda relata en su libro Mundo Orwell: Manual de supervivencia para un mundo hiperconectado.

Técnicas de hacking psicológico con un simple SMS:

  1. El SMS desmotivador. “Mandar SMS a los teléfonos que están en la zona, muchos de ellos de combatientes, con mensajes como ‘Soldado ucraniano: Oriente te considera un traidor, Occidente no se va a acordar de ti'”.
  2. El SMS fraudulento. “Enviar un SMS a los combatientes diciéndole que se les ha hecho un cargo en su cuenta de una cantidad grande de dinero”.
  3. El SMS desestabilizador. “Mandar mensajes a los familiares de los combatientes diciendo que su familiar ha caído en combate… y justo después iniciar un bombardeo”.

Borja Pérez lo tiene claro: “En una situación de estrés, por el propio combate, te están haciendo pensar otro tipo de cosas que te incomodan y no puedes resolver. Esto es el hacking psicológico“. Y todo por una ínfima cantidad de dinero.


“NO SE LE PUEDE LLAMAR ‘CIBERGUERRA’ A ESTO Y ‘OPERACIÓN ANTITERRORISTA’ A LO QUE PASÓ EN DOMBÁS”
Daniel J. Ollero se muestra receloso en cuanto al término ‘ciberguerra’: “Llamamos guerras a cosas que no son guerras; y a cosas que son guerras como lo que está sucediendo en Afganistán, donde mueren 40.000 personas al año, ¿no se le llama guerra? O lo que sucedió hace unos años en Dombás, en el este de Ucrania: desplazamiento de tropas, bombardeos, muertos, heridos, desplazados, gente traumatizada, estrés postraumático… A eso no se le llama guerra, se le llama ‘operación antiterrorista’“.

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