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Si viviste en redes sociales el confinamiento de 2020 y la llamada ‘revolución de los Cayetanos’, es posible que vieras uno de los vídeos más surrealistas de la pandemia: un manifestante del barrio de Salamanca (Madrid) golpeando una señal de tráfico… con un palo de golf.

Impresionante, ¿verdad? Bueno, pues era mentira. Lo que sale en el vídeo no es un palo de golf, sino una escoba, pero quien difundió el vídeo lo recortó y le bajó la calidad para que pareciese un palo de golf. El subconsciente y la ideología de cada cual hizo el resto.

“Es un claro ejemplo de sesgo de confirmación”, nos cuenta Mariluz Congosto en el capítulo 17 de El Enemigo Anónimo. “Mucha gente que lo había difundido decía: ‘Yo vi un palo de golf, pero ahora que lo veo otra vez, evidentemente es una escoba‘. Pero claro, te quedas tan sugestionado con la idea tan atractiva de que alguien golpee con un palo de golf… que ves la imagen pero no llegas a percibirla bien o quizá no la has mirado con detenimiento”.

No es el único ejemplo. En el informe La genésis de la posverdad. Fake news: análisis de su vida útil en redes sociales, elaborado por Torres y Carrera y la Universidad Complutense de Madrid, hicieron un experimento: inventarse cuatro noticias e intentar colarlas como verdaderas en internet. Hablaron de una actriz española como protagonista de Spider-Man 3, de un chimpancé que juega al Fortnite, del español encumbrado como idioma musical gracias al reguetón y de un proyecto para leer la mente de los trabajadores. Todas ellas generaron buenas tasas de conversión y conversación en redes sociales.

Los resultados del bulo de la actriz española como protagonista de Spider-Man 3.

Estos experimentan nos demuestran varias cosas. Entre otras, que lanzar bulos, viralizarlos y rentabilizarlos es muy fácil, pero también que, por mucho que creamos lo contrario, los ciudadanos nos tragamos muchos más bulos de los que pensamos. Y la cosa no va a hacer más que crecer: según un informe de Gartner, en 2022 habrá más noticias falsas que verdaderas en internet.

Quién lanza los bulos, dónde y por qué nos los creemos

Normalmente creemos que las fake news son generadas por individuos aislados o por grupos ideológicos al margen de las instituciones públicas. Y hay mucho de cierto en eso, pero conviene no olvidar una cosa: con mucha frecuencia, las fake news son lanzadas incluso por el gobierno de un país.

Según el informe The Global Disinformation Order: 2019 Global Inventory of Organised Social Media Manipulation, los estados son los primeros en crear bulos y la tendencia no para de crecer. Así han evolucionado en apenas tres años las campañas de desinformación en internet por parte de los gobiernos de distintos países:

¿Y qué países son esos? El estudio de Oxford señala a algunos de los sospechosos habituales:

Fuente: Oxford University.

Pero vayamos a las fake news a las que más nos exponemos, aquellas que no sabemos de dónde surgen o que lo hacen desde grupos ideológicos más allá de los gobiernos. Para analizar la proliferación de los bulos hay que parir de un hecho ineludible: la caída de la confianza en los medios de comunicación por parte de los ciudadanos. Un estudio del Reuters Institute for the Study of Journalism le pone cifras a esta confianza o, mejor dicha, a esta desconfianza: todos los países suspenden o aprueban por los pelos. Y ojo a España: solo el 36% confía habitualmente en las noticias de los medios.

Y si los ciudadanos no confían totalmente en los medios, ¿dónde se informan? Hay varios estudios muy significativos que analizan la situación concreta de España. Un análisis realizado por el Reuters Institute desvela que las redes sociales cada vez son más representativas a la hora de informarse, incluso por encima de los medios tradicionales:

Durante la pandemia este tipo de búsquedas alternativas de información no han bajado, precisamente. Según un informe de la EAE, el 41% de usuarios se informaron “en internet” (con el amplio abanico que ello conlleva) y el 38% en redes sociales:

Y si los españoles acudimos mucho a las redes sociales, ¿cuáles son las más frecuentes para informarnos? Según Reuters Institute, el 47% recurre a Facebook para informarse y el 36% a Whatsapp:

El vertedero perfecto de las fake news: Facebook, Whatsapp…

Seamos sinceros: todos nos hemos tragado alguna vez un bulo. Y si dices que no lo has hecho, o eres una rara avis, o estás mintiendo o realmente crees que nunca te has tragado un bulo… pero en realidad sí lo has hecho. En general en España somos sinceros: el estudio Homo Digitalis desvela que el 74% se ha creído noticias falsas alguna vez y apenas el 31% sabe identificarlas:

Si los españoles reconocemos habernos creído bulos y cada vez nos informamos más a través de redes sociales y aplicaciones de mensajería instantánea, ¿adivinas dónde proliferan más las fake news? Bingo:

En otros países la situación no es muy distinta: en Noruega el 38% de los bulos están en redes sociales, mientras que en Canadá suben hasta el 65%. El estudio de Oxford también señala de frente a las redes sociales como el ecosistema perfecto de las fake news (y ojo, que España aparece varias veces):

Fuente: Oxford University.

La receta de las fake news: estos son sus seis ingredientes

Para elaborar una buena receta de fake news y desinformación hacen falta seis ingredientes esenciales:

1.- Mentira

Está claro: sin mentira no hay noticias falsas. En su estudio, Torres y Carrera y la UCM hablan de dos tipos de mentiras:

  • Bulo. La mentira en estado puro. Puede ser un bulo absoluto (la falsedad de lo discutido es total), exagerado (la narración se sustenta en recursos retóricos aumentativos) o sutil (construido a través de evasiones y omisiones).
  • Posverdad. Mientras los bulos apelan más al lado emocional que al racional, la posverdad lo hace al revés. Ejemplos: las tabacaleras que negaron la realación entre tabaco y el cáncer, o las petrolíferas que negaban la existencia del cambio climático.

2.- Tecnología. Toda la vida ha habido bulos, pero con internet han cobrado una dimensión que va mucho más allá y que introduce un concepto tan nuevo como peligroso: viralidad. Como nos cuenta Juan Ramón Gil, director de Estrategia, Comunicación Corporativa y Marketing Digital en Torres y Carrera, “internet y las redes sociales le han dado el soporte tecnológico a las fake news para que sean virales en muy cortos periodos de tiempo”. ¿Esto qué quiere decir? “Que cualquier persona en el mundo puede difundir fake news“.

3.- Ideología y sesgo de confirmación

En el capítulo 17 de El Enemigo Anónimo, Mariluz Congosto nos recuerda el bulo del palo de golf y el del perro al que iban a sacrificar por haber herido a un ladrón rumano con no sé cuántas causas judiciales pendientes. ¿Por qué nos creemos este tipo de noticias? Porque refuerzan nuestras ideas previas y nuestra propia ideología. Si eres de izquierdas, te atraerá mucho más que un ‘Cayetano’ esté haciendo su particular revolución con un palo de golf; si eres de derechas, te indignará que el ladrón al que ha detenido el perro sea rumano; y si eres animalista, te cabreará que el pobre perro vaya a morir por culpa de un delincuente.

En ocasiones estos bulos pueden ser mero entretenimiento sin pretensiones demasiado altas, pero en otras puede ir mucho más allá: “Muchas veces se intenta influir en cómo la gente toma decisiones en el día a día, cómo percibe la realidad, y eso al final afecta a cómo ejerce su voto o su capacidad de presión dentro de la sociedad”, nos cuenta Clara Jiménez Cruz, de Maldita.es.

¿Por qué nos creemos este tipo de noticias? Porque refuerzan nuestras ideas previas y nuestra propia ideología

4.- Rentabilidad

No nos engañemos: hay gente a la que le da igual influir o no en temas políticos, lo que quiere es ganar dinero. Y las fake news son rentables, muy rentables, sobre todo porque son baratísimas de producir. De hecho, la mayor fábrica de fake news que inundaron Facebook a favor de Donald Trump estaba en un pequeñísimo pueblo de Estonia.

En el estudio de Torres y Carrera y la UCM lo comprobaron de primera mano: “En Twitter podíamos llegar a audiencias segmentadas muy concretas, incluso a cuentas específicas de Twitter que no nos seguían. Se puede hacer segmentación geográfica, por sexo, por edad, por intereses, por profesiones o estudios… Todo con una inversión muy reducida”, nos cuenta Juan Ramón Gil.

5.- Confusión

Algunas víctimas de las fake news no son necesariamente personas claramente ideologizadas que refuerzan su sesgo de confirmación, sino gente ingenua que confía en todo lo que le llega. Y esas personas también son un buen objetivo de los creadores de bulos.

Como nos contará Manuel Ángel Méndez (El Confidencial) en el capítulo de la semana que viene, “muchas veces el objetivo no es mentir o crear una única versión falsa, sino crear muchas versiones distintas para confundir a la gente”. La fórmula resulta efectiva: si hay tantas y tantas versiones de un mismo hecho, será muy difícil que elijas la única verdadera.

“Muchas veces el objetivo no es mentir o crear una única versión falsa, sino crear muchas versiones distintas para confundir a la gente

Manuel ÁNgel Méndez (El Confidencial)

6.- Red oscura

Decíamos antes que las redes sociales contribuyen a viralizar determinadas noticias falsas, pero a veces el peligro no está precisamente ahí, sino en las ‘redes ocultas’, es decir, en Whatsapp, en los grupos privados de Facebook o en los mensajes directos de Twitter o Instagram. En estos casos, al reducirse drásticamente el número de intercomunicadores, al no ser una comunicación pública, detectar un bulo o avisar a su víctima será casi imposible.

El futuro: “Mientras haya interés y dinero, habrá fake news”

Llegados a este punto, ¿qué futuro tienen las fake news? ¿Seguirán creciendo y acabará habiendo más noticias falsas que verdaderas, como predijo Gartner? ¿Se apagarán gracias a las empresas verificadoras? ¿Mutarán en algo distinto? Mariluz Congosto lo tiene claro: “Mientras haya interés y dinero para propagar información falsa, existirán y cambiarán de forma, incluso se sofisticarán más. Siempre van a ir por delante de nosotros“.

“Vivimos en una sociedad polarizada, confusa, estigmatizada… Eso es un caldo de cultivo ideal para las fake news”

Juan Ramón Gil (Torres y Carrera)

Para Juan Ramón Gil, el futuro, en definitiva, es muy similar: “Van a ir a más, porque vivimos en una sociedad polarizada, confusa, estigmatizada… Esto viene a ser un caldo de cultivo ideal para la difusión de fake news”.

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